domingo, 25 de diciembre de 2011

A star is dead- Juan Carlos García Reig


Lorna Medina, la venus del Caribe, gloria de la Habana y reina del Mambo, en su camarín de El dorado Night Club se liberaba del tocado de frutas y del bikini con la cola de volados multicolores, cuando recibió una orquídea.
La tarjeta decía:

¿Le gustaría verse en tres dimensiones, como la ven los demás?
La espero, mesa 45

Jamás había aceptado las invitaciones que le llegaban a diario acompañadas de rosas y bombones, cuando termina el espetáculo.
Ella se amaba a sí misma, tal narcisismo constituía el centro de su encanto, haciéndola aún más bella, distante e inalcanzable.
Aparecióentre las mesas, enfundada en un refulgente y escotado vestido, encendió un cigarillo, enroscó la boa de plumas al cuello abriéndose paso entre los clientes.
En la mesa 45, un hombre de traje blanco, el sombrero panamá sobre la mesa, pelo entrecano y ojos claros, bebía reposadamente una cerveza moviendo lentamente la cabeza al ritmo de la jazz band. Traficante o contrabandista.
-Buenas noches, señorita-dijo con acento alemán besando la mano de la diva.
-Explíquese.
-Es para mí un honor comparti una mesa con...
-¡Dick! Tráeme un Jungle`s dynamite, con mucho vodka. ¿Decía usted?
-Que es para mí un honor...
-¿Cómo es eso que podré verme en tres dimensiones?
-¿Conoce usted los espejos Doppelänger?
-No.
-Verá usted, mi estimada Fräulein, cuando la guerra, un grupo de alquimistas y magos nazis inventaron estos espejos a pedido del Führer- acercándose, en voz baja agregó-: Hitler, según se sabe, tenía varios Doppelgänger, lo cual le permitía estar en dos lugares simultáneamente. Hasta se llegó a decir que quien murió no fue él sino su Doppelgänger.
-¿Qué es un Doppelgänger?
-El espejo Doppelgänger es un espejo mágico. Si usted se mira en él, no se reproducirá su imagen, sino que del espjo se desprenderá  su Doppelgänger, su doble, su sosía. Una copia exacta, viva, real de usted misma. Entenderá ahora por qué le digo que podrá verse en tres dimensiones, como la ven los demás.
-¿Acaso usted tiene un espejo así?
-Nuevo, sin estrenar. Nadie se ha visto en él pues el espejo se rompe al nacer el Doppelänger, el sosía.
-¿Cuánto pide por él?
-Comprenderá mein liebe Dame que algo así no tiene precio.
-Comprendo-dijo poniéndose de pie.
-Aguarde, no me malinterprete-alcanzó a tomarla del brazo. Hagamos un trato.
-¿Qué clase de trato?
-Que el fruto del espejo sea para mí. Una vez que haya contemplado, me entregará su Doppelgänger.
La idea la sedujo, poder verse tal como era, sin espejos deformantes, verse bailar y cantar. Verse y apludirse.
De un trago terminó su Jungle´s dynamite.
-Trato hecho, envíemelo a mi camerino mañana por la noche.

Con ansiedad arrancó los papeles, desarmó el cajón y quitó las mantas que envolvían el espejo. Era de cuerpo entero, ovalado y en la parte superior del marco de caoba llevaba tallada una cruz esvástica.
Al mirarse estalló en pedazos, apareciendo al otro lado una copia exacta de ella.
-¿Quién eres tú?- dijeron al unísono.
-Lorna Medina. repitieron juntas.
Se observaron detenidamente.
-¡Mientes!- gritaron
No podía admitir que frente a sus ojos se presentase otra Lorna Medina. Estaba desesperada, llena de ira.
Ella era única. La Venus del Caribe, La Gloria de la Habana, La Reina del Mambo.
Pensó en deshacerse de la intrusa.
Ambas pensaron lo mismo.
Dicen que se suicidó.

Información del autor AQUÍ

domingo, 18 de diciembre de 2011

Refrán personal

Más (me) vale una verdad desnuda que una mentira con ropa

Ilusión óptica I



Avanza la línea roja a toda velocidad en sentido horizontal sobre un fondo oscuro, de tal manera que deja una estela perennne, poderosa. En su camino derriba anormalidades rocosas que se desintegran en el éter. Podría ser la delgada línea roja, si no cambiara de rojo a loco púrpura u otros colores fluorescentes.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Ejemplo XXVI



De lo que aconteció al árbol de la mentira

Un día hablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo así:
“Patronio, sabed que estoy muy desazonado y muy alborotado con unos hombres que no me aman mucho, y estos hombres son tan revoltosos y embusteros, que nunca hacen otra cosa sino mentir, a mí y a todos los demás con quienes han de hacer o decidir alguna cosa; y las mentiras que dicen las saben tan bien adornar y aprovecharse de ellas, que me causan gran daño, y ellos aumentan su poderío y tienen a la gente muy en mí contra; y bien podéis creer que si yo quisiera obrar de la misma manera, por ventura lo sabría hacer tan bien como ellos, mas porque yo sé que la mentira es de mala condición nunca me pagué de ella; y ahora, por el buen entendimiento que tenéis os ruego que me aconsejéis qué actitud tomaré con estos hombres”.
“Señor conde, dijo Patronio, la Mentira y la Verdad se unieron en compañía, y después que estuvieron así un tiempo, la Mentira, que es más acuciosa, dijo a la Verdad que sería bueno que plantasen un árbol del que tuviesen frutos y pudiesen estar a su sombra cuando hiciese calor. Y la verdad, como es cosa sencilla y de buena voluntad, dijo que le agradaba.
“Cuando el árbol estuvo plantado y empezó a crecer, dijo la Mentira a la Verdad que cada una de ellas tomase su parte de aquel árbol, y la Mentira, dando a entender a la Verdad, con razones falaces y apuestas, que la raíz es lo que da la vida y sostén al árbol y que es mejor cosa y de mayor provecho, aconsejó la Mentira a la Verdad que tomase las raíces del árbol, que están bajo tierra, y ella se aventuraría a tomar aquellas ramillas que debían salir, y están sobre tierra, aunque era muy peligrosos, porque estaba expuesto a ser cortado u hollado por los hombres, o roídos por las bestias, o destrozado por las aves con sus picos, o con sus garras, o con sus patas, o sacarlo el gran calor, o quemarlo la helada; y que de todos esos peligros no tenía que sufrir ninguno la raíz. Y cuando la Verdad oyó todas estas razones, como en ella no hay mucha astucia, y es cosa que confía y cree mucho, se fió de la Mentira, su compañera, y tuvo por verdad lo que le decía, creyendo que la Mentira le aconsejaba bien, y que recibía muy buena parte; y tomó la raíz del árbol y quedó muy contenta con aquella parte.
“Después que la Mentira hubo llevado esto a cabo, quedó muy alegre por el engaño que había hecho a su compañera, diciendo mentiras falaces, hermosas y compuestas. Entonces la Verdad se metió bajo tierra para vivir donde estaban las raíces, que era su parte, y la Mentira quedó sobre la tierra, donde viven los hombres, y andan las gentes y todas las demás cosas.
Y como es muy lisonjera, al poco tiempo estaban contentos de ella, y su árbol comenzó a crecer y a echar muy grandes ramas y muy grandes hojas, y daba muy hermosa sombra, y aparecieron muy bonitas flores, de muy hermosos colores y muy agradables a la vista. Cuando las gentes vieron aquel árbol tan hermoso reuníanse de muy buena gana para estar a su lado, y contentábanse mucho de su sombra, y las más de las gentes estaban siempre allí, y aun los que se hallaban en otros lugares decían los unos a los otros que si querían estar regalados y alegres, que fuesen a estar a la sombra del árbol de la Mentira.
“Cuando las gentes se hallaban reunidas bajo aquel árbol, como la Mentira es muy halagadora y de mucha sabiduría, causaba muchos placeres alas gentes, y enseñábales su sabiduría, y las gentes se alegraban mucho de aprender aquel arte. De esta manera atrajo a sí a todas las gentes del mundo, y a los unos les enseñaban mentiras sencillas, y a los otros muchos más sabios mentiras dobles. Y debéis saber que la mentira sencilla es cuando el hombre dice a otro: “Don Fulano, yo haré tal cosa por vos” y miente en lo que dice; y la mentira doble es cuando le hace juramentos o le rinde homenaje o le da rehenes,  o pone a otros por sí para que hagan todos esos pactos, y al dar estas seguridades ya ha pensado él y sabe de qué manera todo esto quedará en mentira triple y en engaño. Mas la mentira triple, que es mortalmente engañosa, es la que miente y engaña diciendo la verdad. De esta tal mentira había tanta en la Mentira y la sabía enseñar tan bien a los que se contentaban de estar a la sombra de su árbol, que con aquella sabiduría les hacía llevar a cabo las más de las cosas que ellos querían, y ningún hombre, que no supiese aquel arte podía evitar que no le llevasen a hacer su voluntad. Y lo uno por la hermosura del árbol, y lo otro por el gran arte que de la Mentira aprendían, las gentes deseaban mucho estar bajo aquella sombra, y aprender lo que aquella Mentira les enseñaba, y la Mentira era muy honrada y muy apreciada, y la acompañaba mucha gente, y el que menos se acercaba a ella y menos sabía de su arte, era menospreciado por todos, y aun él mismo se preciaba en menos.
“Hallándose la Mentira tan bien andante, y la Verdad despreciada y desdichada, pues estaba escondida bajo tierra, y ningún hombre sabía nada de ella, ni se pagaba de ella, viendo que no le había quedado otra cosa con que se pudiese mantener sino aquellas raíces del árbol, que era la parte que la Mentira le aconsejaba tomar, a falta de otra comida tuvo que ponerse a roer y a cortar y a sustentarse con las raíces del árbol de la Mentira. Y aunque el árbol tenía muy buenas ramas y muy anchas hojas, y daba muy gran sombra y muchas flores de muy vistosos colores, antes que pudiesen llevar fruto fueron cortadas todas las raíces, pues debió comerlas la Verdad, que no tenía otra cosa que alimentarse.
“Cuando las raíces del árbol de la Mentira estuvieron todas cortadas, hallándose la Mentira a la sombra de su árbol con todas las gentes que aprendían aquel arte suyo, vino un viento y dio en el árbol; y como todas las raíces estaban cortadas, fue fácil de derribar, y cayó sobre la Mentira y la quebrantó de muy mala manera, y todos los que estaban prendiendo de su arte fueron muertos y muy mal heridos, y quedaron malandantes. Y del lugar donde estaba el tronco del árbol salió la Verdad, que estaba escondida; y cuando estuvo sobre la tierra halló que la Mentira y todos los que a ella se acercaron eran muy malandantes y se hallaron mal de cuanto aprendieron de la Mentira y del uso que de ello habían hecho.
“Y vos, señor conde Lucanor, parad mientes que la Mentira tiene muy grandes ramas, y sus flores, que son sus dichos, y sus pensamientos y sus halagos son muy placenteros y de ello se aficiona mucho la gente; empero todo es sombra y nunca llegan a buen fruto. Por tanto, si aquellos contrarios vuestros usan la sabiduría y los engaños de la Mentira, guardaos de ello cuanto pudiereis, y no queráis ser su compañero en aquel arte, ni tengáis envidia de la felicidad que tienen por usar el arte de la Mentira, pues estad seguro que les durará poco y no pueden tener buen fin, y cuando creen ser más dichosos, entonces les fallará, así como falló el árbol de la Mentira a los que creían ser muy afortunados a su sombra. Mas aunque la Verdad sea menospreciada, abrazaos bien a ella y apreciadla mucho; pues estad seguro que por ella seréis bienandante y llegaréis a buen fin, y ganaréis la gracia de Dios, para que os dé en este mundo mucho bien y mucha honra para el cuerpo, y para el alma salvamiento en el otro.
            Al conde agradó mucho este consejo que Patronio le dio, lo hizo así, y se halló muy bien.
Y entendiendo don Juan que este ejemplo era bueno, lo hizo escribir en este libro, e hizo los versos que dicen así:
Seguid La verdad y de la Mentira
/huid
Pues su mal aumenta quien usa el
/mentir

El libro de Patronio, es una de las reliquias de la Literatura medieval Española. Consiste en una recopilación de 51 ejemplos -especies de fábulas- en las que Patronio, el consejero, aconseja a su Señor, el conde Lucanor, sobre cuestiones de la vida cotidiana de su feudo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Esa Magdalena

                                                     Esa magdalena
                                                     Ese vencimiento
                                                     Esa aliteración
                                                     Que siento
                                                     Esa exactitud
                                                     Ese recuerdo
                                                     Ese escepticismo
                                                     Que sobreviene
                                                     Al cristianismo
                                                     Ecce homo gordo
                                                     Ese espacito
                                                     Que aquí dejo
                                                     Esa minina (con que sueño)
                                                     Esa loca de la casa
                                                     Ese viborita
                                                     Que besan
                                                     Los perros

sábado, 5 de noviembre de 2011

El Sueño de Roberto

Salió al campo y notó que el césped era verde. Esa tarde los dos equipos vestían el mismo color de camisetas. Como ninguno tenía casaca suplente, el equipo local jugaría en cueros; esa sería una forma de atraer al público femenino.

Las banderas verdes blandidas desde las tribunas presagiaban un partido cerrado. El panchero dejó las salchichas sin refrigerar, echándolas a perder. Los vómitos corrían escaleras abajo. Los viejos pegados a las radio de sacaban los mocos.

En el minuto 46 del segundo tiempo, en un cero a cerco sin sorpresas, el número 5 local agarró al 10 en una plancha, partiéndole el alma. Fue tal el delito, que el árbitro, vestido de verde, salió corriendo y detrás de él los dos planteles técnicos –inclusive los compañeros del caído-. Las ambulancias no daban abasto con los descompestos. El jefe de bomberos dijo que el público estaba primero que el muerto.

El 10 del equipo visitante amaneció ahogado en vómito.

7 Consejos para mejorar tu Blog

Con el fín de mejorar la participación de este sitio, encontré una serie de recomendaciones blogo-ontológicas para mejorar nuestros blogs. Acá el enlace

viernes, 4 de noviembre de 2011

Amor más allá de las fronteras


“_Y nunca hasta ahora un Enano había derrotado a un Elfo en un torneo de elocuencia_ añadió_¡ Pero ahora iremos a Fangorn e igualaremos los tantos!”
J.R.R. Tolkien “EL Señor de los Anillos”


La caverna estaba muy oscura. Por un tiempo la mirada de los pueblos Élficos no me sirvió de mucho. Deso, el enano, me condujo por un pasillo largo. Llegamos a una cámara en la que las piedras parpadeaban en la oscuridad. Qué vergüenza, un elfo ciego llevado de la mano por un enano. Callate, es tu pueblo quien inventó la homosexualidad, no el mío.

En ese momento sentí como si un cosquilleo se prolongara desde su mano peluda, haciéndome notar que a pesar de lo que yo creía era suave. Deso estaba nervioso, y podía notarlo. Qué te pasa. Nada, caminá nomás y cerrá el pico de una buena vez, querés…

Me soltó del brazo e intentó prender una antorcha sin suerte. Pude escucharlo rezongar. No son lindas estas luces en la oscuridad. Más lindas son a la luz de la antorcha. En ese momento se encendieron todas las luces y pudimos apreciar el esplendor del mármol que adobaba las paredes. Casi se me pianta un lagrimón al ver que el Enano se ponía de rodillas y recordaba la existencia a su primo Hery. Ahora descansa junto a los míos.

Traté de consolarlo y al tiempo nos encontramos riendo, sentados el uno frente al otro en un rincón del Abismo. Me estaba contando un chiste de orcos de mal gusto cuando de repente volvió la oscuridad. Mierda, en estas reliquias es imposible ignorar el toque de los Hombres y Mujeres, más nocivos que los orcos. Le dije que no insultara más; me insultó e intentó otra vez encender las antorchas.

Se hizo el silencio. Luego oí que lloraba. Qué pasa con el indoblegable Enano, contale al Elfo… Nada, todo este tiempo sin ver a mis seres queridos. Un enano guarda mucho en su interior, y un día explota. Pero si explota que sea en lo más profundo de la mina porque un Enano no debe llorar, y menos al frente de un Elfo maricón… Cómo dijiste. No te ofendas Licedot pero…

Me retiraba enojadísimo cuando el enano me tomó del brazo. Después no sé qué pasó. Solo sé que la luz de las antorchas nos encontró hundidos en un profundo beso. Me sonrojé mucho, el enano comenzó a ensayar un pretexto en voz alta.

No nos volvimos a hablar hasta la partida de Isengard, cuando lo obligué a cumplir su promesa.

Cabalgamos en silencio, como acostumbrábamos: él en la grupa del caballo, bien aferrado a mí. Noté que estaba asombrado. Si te ha gustado el bosque de los Ents, el Bosque negro te encantará. Refunfuñó.

Cuando llegamos mi gente nos recibió con todas las pompas. Al Enano se le cayó la mandíbula del asombro. Son solo árboles, pero hermosos. Por la tarde fui a visitarlo a la morada que le habían destinado. La cortina estaba abierta por lo que pasé. Estaba mirando por la ventana.

No era que los Enanos solo lloran en sus Minas. Se resquebró en llanto y me partió el alma. Vos no me entendés, ni hablar puedo. Tengo un hombrecito, tras que soy Enano, adentro que quiere salir y no puede. Qué es lo que te ahoga. El problema es… no te lo pienso decir. Basta de llorar, un enano tendría que tener obligación de reir, no de no llorar. Se le dibujó una sonrisa melancólica. Te amo Licedot… Cerré la cortina y nuestros cuerpos tuvieron la primera oportunidad de conocerse y nuestras almas la primera oportunidad de juntarse. Sabíamos muy bien que ni en su pueblo ni en el mío nos aceptarían…


Dibujo: T-Jacques

martes, 18 de octubre de 2011

Crónica grupal

Hemos sidos publicados en la revista La Información de Cañuelas. Todos los detalles y la Crónica -escrita en conjunto con los chicos de la biblioteca- Aquí

jueves, 18 de agosto de 2011

Ese negro villero que no me deja salir




No sé cuándo comenzó nuestro odio. Sospecho que haya sido en “La Morocha” aquella noche de neblina en que mi estupidez me dejó mal parado frente a unos desconocidos. No te hagás el normal que sos un chetito y todo por querer explicar qué comprendía ser un normal. El asunto es que al despertar me encontré con que en la puerta de mi casa me estaba esperando un grupo de pibes para darme una paliza. Salió mi vieja. No se meta señora el problema es con su hijo.

En casa llamaron a la policía; no hicieron mucho que digamos. Sospecho que la poli transa con esos pibes y no confío en ellos. El acoso se fue haciendo más totalitario con el correr de los días. Ya ni al patio podía salir que me tiraban con piedras y me insultaban. De noche ponían la música a todo lo que da y no dejaban dormir ni al abuelo que tiene el sueño pesado. Parece que hacían turnos porque no siempre eran los mismos. A pesar de eso había uno que parecía estar siempre.

Tenía la tez morena, el pelo largo, andaba en bici y vestía como un cumbiero; el negro cabeza de mis pesadillas. En su forma de mirar encontraba algo familiar y de temor al mismo tiempo. Nunca me insultaba ni me apedreaba, solo me miraba fijo que era lo peor. Parecía ser el líder del grupo.

Tuve que pedir licencia en la escuela, tampoco pude ir más a jugar al básquet. Por un lado esto me contentaba porque tenía más tiempo para jugar al playstation pero por el otro me disgustaba. La sola idea de que Marielena pensara que yo no enfrentaba a ese negro que no me dejaba salir de mi casa, me hacía hervir la sangre.

Una noche en que chateaba con una mina mayor que yo, oí que me llamaban. La voz era suave y un poco dejada, como la de Mariaelena. Habían parado la música y ahora no se escuchaba más que el ruido de un ciclomotor. ¿A dónde vas hijo? Salí al patio. Como no me llovieron piedras ni insultos me animé a caminar hacia el paredón. Abrí la reja y ahí nomás me agarraron por la espalda. Lo demás es historia conocida…

Mi viejo tiro un escopetazo al aire y todos rajaron como para la salida de misa. Solo quedé yo medio tonto y una bicicleta. Estaba seguro de que por entre las trompadas no había visto en ningún momento al líder de los pibes. También sabía que esa era su bicicleta. Lo último que recuerdo es haberlo visto a través del espejo que hacía un CD incrustado en la rueda. Después me caí desmayado.

domingo, 3 de julio de 2011

El amante Aladino y la lámpara mágica

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Ésta es la historia de Aladino, un ladronzuelo que vivía en la capital árabe de Ar Riyad. Un día, en una de sus andanzas, Aladino encontró una lámpara mágica. La misma le hizo recordar la famosa epopeya de su tocayo, en la versión censurada de “Las mil y una noches”.
Dicen las malas lenguas, y como yo no escapo de ser como ellas, que en realidad, la historia fue otra. Una tan distinta, que los sabios juglares del medio oriente decidieron olvidar a través de los tiempos.
            Aladino frotó la lámpara para quitarle el polvo, y de ella salió un genio gigante. Él, le dijo que le concedería un deseo:
-Puedes elegir lo que quieras amo, pero no pedir más deseos -le dijo el genio-
            Aladino, al ver que el genio, a pesar de ser grande, era amable y estaba a sus órdenes, se tranquilizó un poco. Luego reflexionó hondamente sobre por cuál deseo iría a optar. Pensó en riquezas, en ser el sultán de toda Arabia y más: de todo el medio Oriente.
-Ya sé lo que voy a pedir -dijo finalmente-
-Entonces por favor, dímelo.
-Quiero que mi mejor amigo Anís, se convierta en una mujer.
-Tus deseos son órdenes- dijo el genio y así decía se esfumó.
            El muchacho volvió a su casa pensando en que todo aquello había sido una broma de mal gusto de los ángeles y Alá.
-Al fin y al cabo me lo paso robando a ricos y pobres por igual -se dijo- me lo tengo merecido…
            No fue hasta la mañana siguiente, cuando fue al mercado por algo de comer, que entendió que algo había cambiado.
 Cuando preguntó por Anís, le trajeron a una mujer, la más bella que había visto en su vida. Ella no recordaba nada, ni dónde vivían, ni a qué se dedicaba, ni qué hacía entre los ladrones. Solo sabía que se llamaba Bradú´l-Budul porque así la llamaban en un tono un tanto burlón.
-¡Conque Bradú´l-Budul, la hija del sultán…- les dijo Aladino- vamos, saquen a esta mujer de aquí y traigan a mi amigo que necesito hablar con él!
            Los demás ladrones se encogieron de hombros.
-Anís no está Señor, dicen que se fue anoche muy temprano, al galope…- dijo uno de los ladrones.
-¡Pero si su camello está en el establo!- dijo otro- ¡dicen que se lo llevó la muerte!
-¡Otros, que lo raptó un gigante!-
            En ese momento, se armó una discusión entre los ladrones. Algunos eran partidarios de que Anís había muerto, otros creían que el gigante lo había raptado.
 Aprovechando el tumulto, Aladino tomó de la mano a Bradú´l-Budul y se la llevó a dar un paseo por la ciudad. Caminaron juntos hasta el anochecer, parando solo para comer cuando el sol estuvo en lo alto.
 Aladino mostró a Anís las estrellas y ella recordó que antes había amado.
- Tu eres Aladino, mi amigo -le dijo antes de dormirse-
- ¿Cómo sabes mi nombre? -dijo Aladino sorprendido-
-Porque el genio me lo dijo -dijo Bradú´l-Budul - dijo que encontraría a Aladino, mi mejor amigo, y él me haría feliz…
            Luego Anís quedó profundamente dormido. Aladino no durmió esa noche y con la mañana, partió a hablar con el genio, dejando a Anís  solo en el lecho. La muchacha, al levantarse, pensó que su amigo lo había abandonado. Por tal motivo, después de llorar amargamente, se suicidó clavándose en el corazón una daga que encontró junto a la cama.
-¡Me has engañado!- le dijo Aladino al genio- ¡te pedí que convirtieras a mi amigo en mujer y lo hiciste mi amante! ¡Lo pusiste cual ramera entre los hombres, me hiciste enamorar de él! ¡Por Alá, por qué has hecho esto!
-Solo cumplí tu deseo…- dijo el genio y se esfumó.
            Aladino, volvió avergonzado a su casa. En ella encontró a Anís muerto. Maldijo al genio y se echó a llorar. A través de la puerta pasó Yaizay y después de ver el cadáver de su hermano, enjugó las lágrimas de Aladino.



viernes, 17 de junio de 2011

La catacumba Maya

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Pasos grabados en las páginas de arena. Yo, un cruzado de la Grande Hispania bajo el mando del capitán Hernán Cortéz; frente a la catacumba Maya construida por los salvajes antes del tiempo.


La armadura me pesa como nunca antes, cota de mallas y placas del tiempo del Sarraceno. La barba tan larga que ya me molesta, y si no hubiera entregado mi daga a cambio de oro, de seguro me hubiera podido rasurar. Tendría que aprender de los indios, que pelean en cueros y se rasuran con piedras


El edificio es una pirámide con escalinatas exteriores que llevan a la terraza. Sospecho que por dentro sea hueca y que su verdadera arquitectura se encuentre bajo tierra.


Ruido de gotas sobre el metal y adentro debe hacer más calor; más vale me quite esta lata. Para colmo he perdido a todo mi grupo… Nos sobrevino la fiebre del oro y debimos abandonarnos uno por uno, incapaces de balbucear otra palabra que no sea maíz.


Mis huellas sobre la arena, solo conservó mi pechera y mi hierro. Es increíble el poder que posee la cruz sobre los salvajes; piden piedad de rodillas como si los demonios que llevan dentro no quisieran que les cortasen la cabeza.


La armadura camuflada bajo la arena de tal modo que quién pasara por ahí pensara que había muerto. Me conviene porque me han dicho que el oro blanco se encuentra debajo de la tierra y sólo uno puede llegar a ella.


Contar hasta tres y de rodillas frente a mi hierro.


Ya estoy adentro, todo está muy oscuro pero un solar que da al este, alumbra el sitio por donde cae la arena. Ese es el camino que debo tomar, solo que la luz no llega hasta allí abajo.


Me lanzo, y caigo en lo que parece una montaña que me entierra hasta la cintura. Después de la avalancha sobreviene el silencio. Me Confieso que se escuchan cosas raras como caricias de arpas y suaves aleteos de mariposas.


Hago mis oraciones, la arena me enterrará vivo.


De repente, algo me toma del brazo y me saca a la superficie. Se hizo la luz y lo que vi después no lo puedo explicar con palabras. Sólo recuerdo que cuando salí estaba vestido de platino y mi alma cantaba la alegría de su paz.


Decidí subir las escalinatas para agradecerle al Santísimo.


Corrí ansioso y una vez arriba invoqué su nombre. El cielo se puso negro; las nubes eran cenizas de lava de las cuales bajaron un grupo de gárgolas. Me quitaron el platino e obligaron a mirar hacia arriba. Era la cara del Maldito que se mofaba de mí.


Tomaron mi hierro y me decapitaron. Luego Belcebú escupió una bola de fuego que destruyó en pedazos la pirámide.

miércoles, 8 de junio de 2011

El muro de ladrillos



    Existió una vez, una pareja. A pesar de sus largos años de noviazgo y el haberse casado, nunca logró convivir. Se trataban como perros y gatos; todo el día peleándose. Su casa era un loquero, un griterío constante de día y la noche.
    Fue así, que para una navidad, se gritaron tanto que en la casa se levantó un muro enorme. El mismo estaba hecho de insultos y gritos. Cada agravio colocaba un ladrillo más en la pared, el resentimiento era el cemento que los mantenía firmes.
    La casa, antes muy bella, había quedado dividida en dos. La mitad para el marido, la otra mitad para la mujer. Y hubiera podido decirse que era la casa más linda del barrio, a no ser por ese horrendo muro que hacía las de medianera.
    "Y zorra esto, zorra aquello…"
    "Y borracho esto, y vago aquello…"
    Lo que no sabían esta pareja (dispareja) era que, cuando no se gritaban ni insultaban: el muro se achicaba y los ladrillos desaparecían como por arte de magia.
    Quizá desconocer esto, hizo que el muro creciera hasta sobrepasar la línea del techo, atravesándolo. Ahora la hermosa casa que antes era la envidia del barrio, había pasado a ser dos casas diferentes, totalmente lóbregas la una como la otra.
    Una noche, mientras dormían: el marido despertó y notó que los horribles ladrillos del muro desaparecían. Apoyó su oreja sobre la enmohecida superficie, y escuchó que su mujer dormía. Fue entonces que decidió llamarla.
_¡Vieja, vieja…_le dijo_ levantate!.
    La vieja se levantó y por costumbre agravió a su marido y se agregaron algunos ladrillos al muro. En ese momento, la mujer también se dio cuenta cuál era el motivo del crecimiento de esa pared.
_Ves…_le dijo el marido.
_Cruzate…_ le dijo la mujer.
    El hombre salió de su casa y se cruzó a la casa de su mujer. Afuera estaba nevando.
_Todo este tiempo peleándonos sin saber por qué…_ dijo el hombre.
_Callate, no digas nada…_ le respondió su mujer.
    Esa noche el muro desapareció completamente. Ahora que el muro no estaba hacía mucho frío, pero ellos no lo sintieron, al calor de las sábanas. La mujer concibió a un hijo el cual se habría de llamar Antoñio
    Con la llegada de la mañana y el calor, se fue el amor tal cuál había venido.
    "Que zorra esto, que zorra aquello…"
    "Que borracho esto, que vago aquello…"
    La pared volvió a crecer, más rápido y más feo que nunca; aún más rápido que Antonito. El marido y la mujer pensaron en separarse por el bien de la criatura. Llamaron a un albañil para que revocase y pintase aquel feo y enorme muro de ladrillos.

 

lunes, 23 de mayo de 2011

Ser y tiempo

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Todo parecía estar en su lugar, a no ser porque le habían pedido que se sacara la campera de tres rayas antes de entrar. Aquellos proclives al desaliento pronosticaron que esa no iba a ser una gran noche.

Luego de observar el espectáculo de lucecitas de colores difuminadas por el grisú, el grupo decidió ir a recorrer el primer piso del boliche. Un patovica lo impidió.

_ Vip_ dijo el tipo.

_¿Por qué?_ preguntó uno de los chicos._

_Vip_

Cuando se iban al tipo le sonó el Nextel. Pronto madrugaron en la clave de aquel lugar: el vip estaba reservado para los Arios. Hacía falta mirarlos a la cara para darse cuenta, y ellos te devolvían la mirada. Como no estaban dispuestos a tirar $50 a la basura había que seguir bailando.

Por entre la gente los muchachos encontraron a un par de rubias. Unas pocas palabras bastó para enterarse de que eran extranjeras. Una vuelta ahora y de fondo “quédate, quédate, quedaté”. Otra vuelta. El muchacho tenía el ritmo incorporado en su ser. Varias vueltas más y un beso al final.

_¿De dónde sos?_ preguntó el muchacho.

_ Alemania_ respondió la rubia.

El muchacho miró hacia arriba y notó que un Ario lo miraba fijamente. Esa música parecía no tocarle ni una hebra de su pelo.

_ Debemos irnos inmediatamente_ dijo el muchacho.

Se fueron, el muchacho la invitó a su casa y allí intentaron amarse.

_ Te noto tenso, ¿te pasa algo?_ preguntó la muchacha.

_Esto está mal, ya saben mi dirección, vendrán por mi_ dijo el muchacho

_ ¿Quién?_

_ Los tuyos_

_ Me tengo que ir, hoy tenemos reunión_

_ Vos no te vas a ningún lado_

_Soltame miserabler_

Fue hasta la cocina y tomó una chuchilla.

Al cuerpo lo enterró en el patio. Luego se encerró y repitió una y otra vez la misma frase como si fuera un mantra: “vendrán por mi”.

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martes, 17 de mayo de 2011

El Hospital de Flandes

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Don Florencio, despertó esa mañana cansado. Notó que su dolor provenía del catéter del suero que le habían puesto mientras dormía. Se cumplían seis largos meses desde que fuera internado en el hospital Gutiérrez, debido a una repentina convulsión. Los estudios le habían descubierto un tumor en el cerebro escondido desde hace vario tiempo. Estoy podrido de estar acá y los médicos habían sido optimistas diciéndole que a los seis meses estaría en su casa disfrutando de sus nietos, de su José Saramago, su Página 12 y Marito, su perro.
            Por la tarde recibió la visita de su sobrino Isidro, quien le leyó unas poesías que había escrito. Las mismas estaban dedicadas al Capitán Alatriste y le gustaron tanto que su tío le pidió que le trajera los libros. No podés leer pero te voy a traer la película. Promesa. El muchacho se estaba yendo cuando su tío comenzó a exitarse. Por tal motivo tuvo que llamar a la enfermera.
Esa noche la pasó muy mal, convulsiones y ataques de ira en sus momentos de vigilia. Decidieron doparlo para calmarle el dolor y que no se arrancara el alma de un tirón. Hay que operarlo, el cáncer se expande. Es una operación riesgosa pero no hay otra opción es una bomba de tiempo.
            Mientras estaba en el quirófano, le pareció que uno de los doctores vestía de negro. La sala estaba bien iluminada, tan iluminada como los campos de Flandes en un medio día de batalla. El gorro de plástico tenía las alas hecha jirones, la mano con el cateter era un florete, y la piel reseca eran atuendos desgastados del mil siecientos.
            En frente, el ejército Sueco, comandado por la mismísima Muerte. El médico del tercio español que le curaba una herida en la cabeza. La voz de carga y el pecho bien inflado, gritos. Florencio herido, arriba mi Capitán.
            Cara a cara con la Muerte, armada con una guadaña. El capitán Alatriste sedado por tanto dolor, ahora la miraba de frente. La Parca levantaba su hoz, él sonreía. Reía a carcajadas cuando lo cortó al medio. Su cuerpo en dos mitades era un chiste mal contado que igual daba gracia. La muerte, ofendida en lo profundo de su ego, retrotraía el recuerdo de la risa en la niñez y la depositaba en su víctima. Detrás de la Liche estaba su Dios cristiano; el capitán no dejó de reir. Se estaban yendo. La nada no duele es con la existencia que entra el dolor al mundo.
           
               

domingo, 15 de mayo de 2011

El Manco dejó de soñar

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A mi correctora virtual: Laura

Dicen las malas lenguas (y como yo no escapo a ellas) que el “Manco de Lepanto” Don Miguel de Cervantes Saavedra mientras escribía su famoso Quijote de la Mancha, decidió comenzar a detallar sus sueños en una libreta.

Así pasaban días que por cuestiones laborales no podía plasmar en el papel aquellas imágenes nocturnas, causándole ésto, muchísima desdicha y dolor.

Fue tal el desamparo, que decidió consultar con alguien que conociera más profundo el alma humana. Es por eso que acudió a su confesor, para el tiempo de las vísperas. Éste le dijo que escribir los sueños daba lugar a que Lucifer metiera la cola y lo exhortó definitivamente a evitar esa costumbre, citándole un fragmento del salmo 22.

Cervantes, se fue muy decepcionado de aquella confesión, tanto que le llevó a divisar un final muy oscuro para su trabajo, un final que llegado el momento, gracias a Dios, no escribiría. Por el contrario, pensó en tirar a la basura sus manuscritos y echar atrás su invención, la novela, para escribir un libro de fábulas que relataran sus sueños.

Su compañero de celda, un hombre de rasgos turcos lo previno cuando se disponía a quemar su inconcluso Quijote. Para ello citó a Poncio Pilatos en la crucifixión, lo que Cervantes recibió de muy buen humor, perdonándole la vida a sus escritos.

No por ello abandonó del todo la idea de publicar sus sueños. Anotó tantos que con el tiempo dejó de soñar. Dicen que al despertar, no recordaba nada de lo que había soñado la noche anterior. Solo retenía un espacio en blanco, como las hojas de su libreta.

Desconsolado, decidió acudir de nuevo a su confesor. Éste le dijo que él se lo había advertido y que aquello no era otra cosa que el castigo por haber sido testarudo en su obrar. Cervantes lloró para esas vísperas a los pies de su confesor, y pidió perdón largamente a Dios en el sagrario. Los monjes lo tuvieron que sacar arrastrando del templo, dejando atrás suyo una estela de lágrimas.

De nuevo en la celda, su compañero le preguntó que le sucedía. El musulmán lo escuchó atentamente y al final sentenció un consuelo llenó de refranes occidentales. Dicen que esa noche Cervantes soñó y como homenaje a su compañero incluyó en su Quijote varios de los refranes que éste le había dicho.

* Dibujo: Saura

miércoles, 4 de mayo de 2011

Esforzado



En el torbellino de imágenes y conceptos donde trabajaba el Demiurgo, tuvo el semidios que interferir entre un grupo de palabras que se parapetaban en el caos. Esforzado no daba con su concepto, y muchas candidatas se postulaban para desposarse con aquel.

Por un lado estaba la idea de exponerse a los límites y sobrepasarlos para así obtener regocijo. Por el otro, más solemne, estaba la idea de dar el mejor esfuerzo, ganando y regocijándose o perdiendo y lamentándose sin perder las esperanzas.

El Demiurgo, desconcertado con tanto palabrerío, decidió acudir a las aguas de tiempo para oír su consejo. A través de ellas encontró a un joven de un país lejano a la Hélade, que al entrar a la clase de adiestramiento físico se preguntaba por la misma cuestión.

El muchacho no encontraba una respuesta, más el Demiurgo, compadeciéndose del chico gritó: Forzado. Al parecer el joven lo escuchó, porque dio con la solución del asunto. A continuación las aguas del tiempo se cerraron y una voz muy aguda se hizo oír. Era Poseidón que advertía sobre su conducta al Demiurgo.

Podrido de todo, con estrés adelantado, el semidiós retornó a su trabajo, al torbellino de las imágenes y los conceptos. Allí se encontró que las palabras se habían reunido alrededor de Esforzado y sus dos pretendientes. Haciéndose paso entre la familia Honor, los infinitos mellizos de los Virtud, y la familia Muerte (que la engaña con la mujer de Vida) entre otros, el Demiurgo se paró en el medio del círculo y echó a todos los curiosos. A los que tenían pareja los devolvió al mundo, en cambio a los que no, los envió a cortejarse de vuelta al torbellino.

Luego preguntó a Esforzado a quién amaba. Éste le respondió que a la más bella. La idea de exponerse a los límites y sobrepasarlos para así obtener regocijo era a todas luces más seductora que la de dar lo mejor de uno. Mas el Demiurgo sin olvidar el concejo de las aguas invocó a Forzado, y éste se llevó a su fervorosa esposa al mundo.

Solos quedaron el Esfuerzo y la chica de dar lo mejor de uno ateniéndose a las consecuencias. Y fue como amor a primera vista. Éste la tomó de la mano y le preguntó si gustaba ir con él. Ella aceptó, y juntos se fueron caminando despacito y saludando a la gente hacia la Tierra. Luego el Demiurgo agradeció a Eros por su intervención.

Aquel, bajó del limbo y le preguntó al semidiós cuando se tomaría vacaciones. Éste le dijo que tenía pensado retirarse y dejarle el restante trabajo a los humanos, que él ya mucho había hecho. Eros rió y le preguntó quién sería el desgraciado que lo reemplazaría. “Algún que otro filósofo o escritor…” respondió pensativo el Demiurgo.

martes, 3 de mayo de 2011

La escuela de Canning



*



“Yo hago pública y franca mi ignorancia al respecto, porque no comprendo esos cuadros que me producen mareos, ni esas composiciones poéticas llenas de frases incohrentes porpias de los desequilibrados mentales”
Sara Lovisutto



La escuela de Canning cuenta con las chicas más ágiles de todo el país. No solo bailarísticamente hablando, sino también en cuanto a ligereza en relaciones humanas.

Las chicas de la escuela a la que pertenezco no besan ni por puta en la primera cita. La escuela de Canning se caracteriza por hacerlo, si no es con uno de los suyos, con alguno de la otra vereda.

Éste grupo se localiza generalmente en la zona de capital federal y Gran Buenos Aires. Pero atención, se está dando un fenómeno muy particular que es la emigración hacia zonas del interior de la provincia. A no confundir la fiebre del campo con sus verdaderas intenciones. Es cantado que sus maestros las mandan a estos pagos para expandir su doctrina, la del “nuevo flirteo”.

El famosísimo método ostenta una renovación del “flirteo ortodoxo” nacido con la liberación espiritual que trajo las vanguardias del siglo XX. Es conciso, proselitista y por sobre todas las cosas simple. Ello hace que cada día más chicos se afilien a este partido filosófico.

El adoctrinamiento comienza por clases de fitness y dieta, para poner en forma los cuerpos de las aspirantes. Luego sigue con clases de danza contemporánea, que después son coronadas con clases de reiki para darles nueva energía. Se les da un semanario corto de lenguaje al día, y por último tienen que rendir tres arduos exámenes de uso de artefactos cibernéticos y Facebook. Quienes pasasen por todos los cursos y aprobasen los exámenes, serían admitidos en la escuela de Canning.

Existe una competencia de egreso muy particular que hemos de tratar en esta tesis. La misma consiste en tomar al estudiante de mejor promedio de las mujeres y al estudiante de mejor promedio de los varones y someterlos a un duelo de insultos. Entiéndase eso como quién dice más veces boludo.

La palabra no puede aparecer suelta ni en incoherencia, sino que tiene que estar ubicada en un discurso de hasta 5 minutos en el que podrían usar todo lo aprendido en el adoctrinamiento. A continuación transcribiremos un extracto del discurso ganador de la promoción del año pasado con un record de 5 palabras por boludo: “Boludos y boludas presentes, estoy boludamente hablando orgulloso de ¡ boludo…haberme convertido en parte de esta escuela, boludos! Las clases boludo, fueron reeeee difíciles culeado! Eh ehm… perdón. Pero algo aprendimos boludo, ¿no boludos? Mirá como se ríe el boludo aquel. Quiero agradecer a todos los boludos que hicieron esto posible, a mis viejos ,boludos, al director, boludo…” Cabe destacar que no hubo perdedores en esta competencia porque el ganador quiso compartir el premio.

Es muy común que ahora todo tenga un eslogan. El slogan de la escuela es “Evitar al grasa, pero no por eso dejar de besarlo”. Por ese motivo es rutina ver en la frente de las chicas que están besando un cartel que dice: “Este es grasa, pero bueno…”. Fruto de sabidurías milenarias saben que al besar se cierran los ojos; de esa manera lo disimulan.

La contrapartida de esta escuela se halla representada por la escuela de Cañuelas, llamada así por tener su sede en ese lugar. Nuestros teóricos nos enseñaron que: “nunca, bajo ninguna circunstancia debíamos besar en la primera cita”. Eso es lo que nos caracteriza, sobriedad y esquivada de cara. Si habremos sufrido la instrucciones en evitar besos…

Algunos allegados de la escuela han desarrollado una teoría paralela, que está basada en “no besar en la primera cita, pero aceptar ser besado”. Recién estamos haciendo las primeras pruebas de la misma. Es una teoría interesante con la que simpatizo. Lo que es más, yo postulo y oigan bien todos mis contrarios: Si las minas están tan buenas como las de la escuela de Canning, habría que besarlas en la primera cita sin esperar a que te besen…


*Dibujo: Renzo Detellería

lunes, 2 de mayo de 2011

La ciudad de los artistas

Estaba llegando tarde a una cita con el psicólogo, por lo que así apurado por Cronos como me encontraba, decidí tomarme un taxi. Para sorpresa mía y quizá, para muchos de las de los lectores, entré en razón de que el taxista que me llevaba no era otro que el “Flaco”. Se estaba fumando un pucho, y escuchaba bajito un tema de los Beatles. Cuando le comenté el tema del clima, me empezó a explicar de la vida.

_ Sabés lo que pasa loco, que el clima vomita la bilis de lo que no es y encima es dado a hacerlo sobre los que más lo critican_ me dijo_ Es como un orbe que está vivo y por eso se da hacia dentro y sufre y se enamora de unas lindas piernas. Qué lástima que no tengo la viola, yo soy músico, hace mucho tiempo tuve una banda pero ahora soy solista. Sabés la melodía que compondría en este momento. Por ese loco, no te apures, estamos sumergidos en un éter que nos da de mamar como a recién nacidos. Hoy estamos, el mañana es una figura retórica para llenar el vacío. Me abstengo de hablar de lo qué fue…_

No entendí mucho lo que me quiso decir pero lo que dijo me hizo que asintiera. Después me preguntó que era de mi vida. Le conté que solía ser estudiante y qué ahora estaba en veremos.

_ No, loco. Volvé ya a los libros. Los cristales que se vuelan yéndose cortan al volver. Este éter es muy amargo para los que no pueden serse. Volvé_

Le di la razón. Me estaba explicando algo poéticamente complicado cuando nos topamos con un embotellamiento. Aún nos encontrábamos lejos de destino. Apareció un policía y nos dijo que tendríamos para rato. El flaco se calentó.

_ ¿A vos te parece loco dominar mi hoy?_ le dijo enojadísimo_ Yo no sé por qué no estos autos convergen en un solo pájaro volador, a menos que los represores de hoy nos lo impidan.

El cantautor se prendió otro pucho y me convidó uno. Le pedí que se calmara, que si no el policía lo iba a tomar de punto e iba a ser para peor. Miré el reloj, lo más conveniente era que me fuera caminando. Pagué el viaje y le agradecí al conductor por sus consejos.

_ De nada loco, gracias a vos_ me respondió.

Bajé del taxi y enfilé derecho por la vereda de la avenida. Nunca había tomado este camino y estaba en duda si era Güemes o Alverti. Hacía mucho calor, tanto que el asfalto era una estufa irradiada por el Sol. “Qué loco”, pensé. Un ratito de escuchar al flaco y ya se me había pegado lo poeta.

Paré en un quiosquito de una esquina a comprarme una gaseosa. Estaba saliendo cuando, en la vereda de enfrente, montado en un auto vi a nada más y nada menos que a Pablo. Estaba estacionado, con el brazo apoyado en la ventanilla baja en posición pensante. Tenía una pista de Sandro al mango, y la cantaba.Así, todavía en mi asombro, me crucé para pedirle un autógrafo.

_Tus labios de rubí de rojo carmesí. Parecen murmurar mil rosas sin hablar, Igual que sufro yo… Hola chico, en qué puedo ayudalte. Ahh un autógrafo, no hay por dónde. Yo bien, de vacaciones en cuba, qué digo chico. Sepas disculpar los desvaríos de un cubano. Llevando la nueva trova a dónde quiera que vaya. Si, créeme que si el Che viviera sería un cantante de trova. ¿Te enorgullece sentir el nombre del Che? Si hermano, nos dio una buena mano. Ahora si me disculpas. ¡Yolanda, eternamente Yolanda, apúrate chica que Cuba se vuelve libre! Ay Dios, estas mujeres. Cuídate mucho_

Cuando su mujer subió al auto, éste bajó la música y salió arando. Miré el reloj, debía apurarme o llegaría tarde. Todos sabemos que los psicólogos son exigentes tanto para el comienzo de la entrevista como para su finalización. Tomé la calle que hacía esquina con la avenida y seguí mi camino.

No hice dos o tres cuadras y me topé con la biblioteca municipal. Estaba apurado, pero no por eso me pude resistir a la tentación de pasar a saludar. El bibliotecario del lugar no era otro que Jorge.

_ Hola querido_ me dijo

El escritor ya estaba un poco ciego. No veía ni qué libro sacaban o cual devolvían. Utilizaba una especie de retórica socrática para averiguar de qué libro se trataba al estilo: “¿Cómo estuvo tu lectura?” o “¿qué te pareció el género?”. De última, contaba con el consejo de un gusano de biblioteca, que de tanto estarse en ésta, ya era una especie de ayudante. Las malas lenguas dicen que en realidad lo hacía para robarle ideas. Avisé que solo pasaba a saludar, que estaba apurado y que debía irme.

_Chau_ me saludó Borges y me fui.

_¿Sabes qué Rennato?_ le dijo a su ayudante

_Digamé Don Jorge, pero espéreme dos segundo que presto la oreja_ dijo el joven y aprovechó para sacar la libreta en la que robaba las notas.

_Me parece muy curioso lo que pasa_ dijo Borges_ Éste pibe, el que escribe, no tiene la más mínima idea de lo que es la literatura. Yo empezaría por preguntarle principalmente si aprendió a leer o es que escribe por iluminación. Seguramente, no sabe leer, ese el problema. Escribe dos o tres palabras y hasta los malos poetas se retuercen en sus tumbas. Y se hace el cuentista… ves por cosas como ésta es que pienso que he vivido mucho. Lo peor de todo es que se dice mi amigo. Cuánta verdad el decir que el perro es el mejor amigo del hombre. La diferencia es que los perros escriben dejando huellas, y éste ni eso. Ay, maldito es el que puso sus cuentos en mis manos. Y después me preguntan por la ceguera… Con escritores como éste más vale ser ciego y no querer oir_

_¿Disculpe como era eso último Don Jorge?_

De nuevo en camino, ya me estaba acercando al consultorio de mi analista. Miré el reloj, estaba un poco justo de tiempo. Cruzando el bulevar para ir por la sombra me encontré con un canillita muy particular.

_¡Oh, posibles lectores, quiera el Señor me compréis el periódico, es barato para los corazones humildes, oh, posibles lectores!_ decía el tipo.

Vestido aún así, con la gorra y el chaleco reflector lo conocí. El vendedor se llamaba Guillermo. Yo estaba apurado, pero cuánto me tomaría comprar el diario, dos segundos

_Es muy amable vuestra merced, que los periódicos los puso el cielo para que lleguemos a él. Ay, pobres de aquellas almas que no tienen el don de la lectura. Ellos nunca serán, definitivamente. Ay, no hay consuelo en mi corazón. ¿A dónde irán a parar mis obras si nadie sabe leerlas? Ay, universo por qué conspiras a tu talante. ¿Qué será de Romeo y Julieta, esos dos corazones que bregan en el amor si nadie de los mortales conoce su historia, y para peor la olvidan aquellos que alguna vez la conocieron? Que Justicia me castigue si peno en vano. Beberé de este cáliz, el que quita la sed para siempre. Tu joven príncipe, que sabes leer, cuenta mi historia. Adiós, me muero.

Luego se arrojó al piso, lo que hizo estallar el aplauso de las viejas chusmas que se habían arrimado a la opereta. Le agradecí el cumplido, y expliqué que tenía que seguir con mi camino.

Miré el reloj, estaba llegando tarde. Por este motivo ensayé un galope que me hizo ganar del tiempo perdido.

Al final llegué al consultorio hecho sopa, eso sí. Para suerte mía, el licenciado estaba ocupado con un visitador médico. El nombre de este visitagalenos era Carlos, más conocido como Charly.

Salió del consultorio medio mareado. Lo único que dijo fue:

_Say no more_

María Elena, la secretaría, me pidió que pasara. El licenciado Sigmund me estaba esperando como todos los jueves a esa misma hora.

sábado, 23 de abril de 2011

Quizás éstas sean las últimas palabras que oigan decir de mí



“Más que a un técnico, deberíamos contratar a un psicólogo”
Charlitos Bianchini

Quizás éstas sean las últimas palabras que oigan decir de mí. ¿Qué sucede? Me estoy muriendo. No es que esté enfermo, me lo aclararon bien… Mañana despertaré y ya no seré el mismo. Es por eso que me aguanto el sueño a fuerza de mate y bebidas cola. ¿Quién querría morir? Yo no, válgame Dios, pero la vida es así. ¿Rogarle a Dios? Lo he intentado, pero solo me da más sueño.

Quizás éstas sean las últimas palabras que oigan de mí. ¿Cuál es el eje de la cuestión? Uno se echa a dormir y sueña. Soñar es morir. En esa muerte uno reencarna en otras vidas que nada que ver. Luego despierta a las 11 o 12 del mediodía y ya no se es la misma persona. ¿Qué si querría morir? Quien lo querría... Eso significa abandonar los ideales que había tomado en el día, quemar las banderas que tanto habían costado zurcir.

Quizás éstas sean las últimas palabras que oigan decir de mí. Apuro el mate y sigo. ¿Qué seré mañana? No lo sé, algún extraño de lo que soy ahora. ¿Y qué será de ella? Tampoco lo sé. Solo le pido al de arriba que por esas cosas de la vida la vuelva a encontrar. No sé, en una esquina, detrás de una vitrina, o en alguna facultad. ¿Qué pasará con mis ideales? Quizás los encuentre dispersos por el mundo, y me dé nauseas como cuando uno come una comida que le cayó mal.

Quizás… a la mierda con la cancioncilla. Pero es cierto… Mi vida se acaba y pensar que éstas serán las últimas palabras que oirán decir de mí. La muerte es más fuerte que mi convicción, y a eso no hay con qué darle. ¿Estoy seguro? No… Todo no pasa de una suposición.


miércoles, 20 de abril de 2011

Me defiendo





“sobre una hoja, te procuré…pasaste a ser mi ecuánime…”




De qué y de quién tendría que preservarte…
Soy como aquel, y aquella que nunca te pensó
Te tengo en mi posibilidad de surgir, yo tengo la posibilidad de tu razón
En hojas de mi fingido papiro, pase a fundarte
Ese día te inspire, serás el monumento del objetivo lírico
Serás el principiante que al empezar el camino de letras
Empiece a recibir dicciones de traspié
Si, lo serás...
Dios defiende a su creación, como las castiga
Sabré defenderte, en el no, o el sí, de tu ser
Y el único que me castigara será dios, por escrito, o por oral
Te acunare bajo el vago pensamiento, de mis viles enunciados
Yo hare que te asomes en el mundo de la critica
Eso te sirve, y así podrás resplandecer
Serás el sol oscuro, la noche de luz
Pero la contradicción de tu ser, la tendrá tu creador
Seré...
Ya le hable de vos, a ese compañero acostumbrado
Poeta que vive en poesía,
Lejos de lo nuestro, pero cerca de ella…
Critico de mis palabras, de mis rimas…
Yo no estoy enojada con su poesía
pero la pude criticar, no pretendo sus estimaciones
Yo seré quien resguarde en tu surgir, quien te critique al escribirte…
Serás infusión externa, e interna para vivir y morir, serás de muchos
No te quitare la contingencia de surgir…
surgirás ,surgirás...y surgirás
Serás expreso, compañero de la poesía
Serás la nueva motivación de una realidad,o una mentira
Serás la creación
Serás, serás y serás….
Amén.

Autora: Micaela H.

lunes, 11 de abril de 2011

Te busqué, pero no te encontré…



A: Micaela

“Grandes amistades terminan en enemistad, grandes amores terminan en odio…”

I

Me he bañado en los esteros
Leí las Rimas y fuiste en mi mente
Acaricié el cuero de ternero
Sentí el hacha en mi tronco
Que me partió en dos
Y me tuvieron que coser
Ni mi madre me reconoció
Y todo eso sólo
Para decirte que te necesito
Para saber qué soy…


Pornografía de una soledad

Lucecitas de colores a tu soledad
Masajitos a la soledad
Azúcar impalpable con soledad
Lanzaperfumes a esa soledad
Reggaeton para la soledad
Soledad sobre soledad
Solo soledad
Ni soledad…

III

Hoy, en esta vigilia me pregunto:
¿Adónde conducen tus caminos
dios amor…?

Me llevarás por el claro
Obsequiándome rosas de favor,
O me hundirás en el Averno
De soledad y reclusión

¿Adónde conducen tus caminos
dios amor…?

Habrá finales felices
Después de copas y dulces
O Lacerarás mi costado
Y me veré hecho un Dios

¿Adónde conducen tus caminos
dios amor…?

Camino que jamás he caminado
Junto a la desolación

¿Adónde conducen los caminos
del amor…?

IV

Te siento porque mi tacto
Necesita emborracharse

Te veo porque los ojos
Necesitan ver a Dios

Te huelo porque no hay
Mejor fragancia que tu voz

Te escucho y en mi odios
Bailan las musas del amor

Te pruebo y achalay…
Machadito he quedado yo

Pero no te entiendo…

V

Yo sé de las noches
De tu alma en pena…

Yo sé de lo amargo
De la hiel en tus venas…

Yo sé que se te fue
El alma en cada dolor…

Yo sé cómo la vida
Te castigó…

Yo sé que no es fácil…


No es que sepa yo
Pero también sé de tus alegrías
Y me alegro por vos…


VI

Necesidad de vos
En la noche cuando
Hablan los fantasmas…

Necesidad de vos
Por la mañana cuando
Las musas se acicalan…

Necesidad de vos
Al leer poesía
Y se me parta el alma
De una celada…

Necesidad de vos
Al escribirte
Como el pintor
Que modela a la dama…

Necesidad de vos
Cuando me ducho…

Necesidad de vos
Al leer el diario…

Necesidad de vos
Siempre y en todo lugar
En que quepa mi soledad…

Necesidad de vos
Siempre y en todo lugar
En dónde viva mi alma…

Necesidad de vos
Al escribir poesía
Y se me acaben
Las palabras…

Necesidad de vos
Cuando me escribes
Diciéndome que aún
No me extrañas…

Necesidad de vos
Al rebotar una pelota…

Necesidad de vos
Al mover una dama…

Necesidad de vos
Siempre y en todo lugar
En que quepa mi soledad…

Necesidad de vos
Siempre y en todo lugar
En dónde viva mi alma…

lunes, 28 de marzo de 2011

Vietnam





“Se puso de pie, inseguro, largo, pálido, confuso, como un vapor exhalado por la tierra, se tambaleó ligeramente, brumosa y silenciosamente delante de mío, mientras que a mi espalda las fogatas brillaban entre los árboles y el murmullo de muchas voces brotaban del bosque”
“El corazón de las tinieblas” Joseph Conrad

               Me encontraba en medio de un partido de handball, cuando fue mi turno de entrar a la cancha. La selección nacional se enfrentaba contra el equipo vietnamita, en un partido de exhibición de medio pelo.
               Con tal solo ver llegar a mi marca me di cuenta que estaba perdido. Yo, el más pequeño y morrudo de los pivots americanos de repente se las veía cara a cara con un nipón macizo y que fácilmente me sacaba dos o tres cabezas.
               El duelo, fue desparejo desde el comienzo. A pesar de que lo golpeara, empujara, o arañara, el 8 vietnamita no se movía de su lugar. Todos los goles entraron por ese lado; el enorme buda giraba sobre su eje una y otra vez y fusilaba al arquero, que nada podía hacer.
               Los golpes pasaron a ser alevosos, de modo que a las dos amarillas y varios dos minutos, quedé expulsado del juego. El mismo terminó 24 a 10 a favor del equipo asiático, con el pivot rival, Li Xhu como figura y goleador.
               Cuando la radio le preguntó cómo había estado el partido respondió: “tranquilo” sin abandonar su languidez.
               Con la llegada del 65 estalló la guerra de Vietnam. Alejado de las canchas de handball por necesidad de la patria, me vi atrincherado en un punto estratégico cerca de la frontera con Camboya.
               Estaba dormido, soñando con la gloria que no había alcanzado en el deporte, cuando nuestra tropa fue sorprendida por el ataque de una guerrilla. Desperté de golpe con la voz de fuego, y solo atiné a asir mi fusil para dispararle al vacio.
               Con el alto al fuego reinó un silencio adormecedor. Con tal solo ver llegar a mi marca me di cuenta que estaba perdido. Yo el más pequeño y morrudo de los soldados de repente se las veía cara a cara con un nipón macizo y que fácilmente me sacaba dos o tres cabezas.
               En el forcejeo se le cayó la gorra de la estrella, solo para descubrir la verdadera identidad de mi adversario. Era Xhu, el ex número 8 del equipo de handball vietnamita.

               El duelo, era desparejo desde el comienzo. Ajeno a su parsimonia, me había quitado el fusil y reducido en el piso. Cuando asió su chuchillo, dejó mi brazo libre para que tomara el mío. Muerto, su rostro recobró la parsimonia que la guerra le había quitado.