lunes, 23 de mayo de 2011

Ser y tiempo

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Todo parecía estar en su lugar, a no ser porque le habían pedido que se sacara la campera de tres rayas antes de entrar. Aquellos proclives al desaliento pronosticaron que esa no iba a ser una gran noche.

Luego de observar el espectáculo de lucecitas de colores difuminadas por el grisú, el grupo decidió ir a recorrer el primer piso del boliche. Un patovica lo impidió.

_ Vip_ dijo el tipo.

_¿Por qué?_ preguntó uno de los chicos._

_Vip_

Cuando se iban al tipo le sonó el Nextel. Pronto madrugaron en la clave de aquel lugar: el vip estaba reservado para los Arios. Hacía falta mirarlos a la cara para darse cuenta, y ellos te devolvían la mirada. Como no estaban dispuestos a tirar $50 a la basura había que seguir bailando.

Por entre la gente los muchachos encontraron a un par de rubias. Unas pocas palabras bastó para enterarse de que eran extranjeras. Una vuelta ahora y de fondo “quédate, quédate, quedaté”. Otra vuelta. El muchacho tenía el ritmo incorporado en su ser. Varias vueltas más y un beso al final.

_¿De dónde sos?_ preguntó el muchacho.

_ Alemania_ respondió la rubia.

El muchacho miró hacia arriba y notó que un Ario lo miraba fijamente. Esa música parecía no tocarle ni una hebra de su pelo.

_ Debemos irnos inmediatamente_ dijo el muchacho.

Se fueron, el muchacho la invitó a su casa y allí intentaron amarse.

_ Te noto tenso, ¿te pasa algo?_ preguntó la muchacha.

_Esto está mal, ya saben mi dirección, vendrán por mi_ dijo el muchacho

_ ¿Quién?_

_ Los tuyos_

_ Me tengo que ir, hoy tenemos reunión_

_ Vos no te vas a ningún lado_

_Soltame miserabler_

Fue hasta la cocina y tomó una chuchilla.

Al cuerpo lo enterró en el patio. Luego se encerró y repitió una y otra vez la misma frase como si fuera un mantra: “vendrán por mi”.

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martes, 17 de mayo de 2011

El Hospital de Flandes

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Don Florencio, despertó esa mañana cansado. Notó que su dolor provenía del catéter del suero que le habían puesto mientras dormía. Se cumplían seis largos meses desde que fuera internado en el hospital Gutiérrez, debido a una repentina convulsión. Los estudios le habían descubierto un tumor en el cerebro escondido desde hace vario tiempo. Estoy podrido de estar acá y los médicos habían sido optimistas diciéndole que a los seis meses estaría en su casa disfrutando de sus nietos, de su José Saramago, su Página 12 y Marito, su perro.
            Por la tarde recibió la visita de su sobrino Isidro, quien le leyó unas poesías que había escrito. Las mismas estaban dedicadas al Capitán Alatriste y le gustaron tanto que su tío le pidió que le trajera los libros. No podés leer pero te voy a traer la película. Promesa. El muchacho se estaba yendo cuando su tío comenzó a exitarse. Por tal motivo tuvo que llamar a la enfermera.
Esa noche la pasó muy mal, convulsiones y ataques de ira en sus momentos de vigilia. Decidieron doparlo para calmarle el dolor y que no se arrancara el alma de un tirón. Hay que operarlo, el cáncer se expande. Es una operación riesgosa pero no hay otra opción es una bomba de tiempo.
            Mientras estaba en el quirófano, le pareció que uno de los doctores vestía de negro. La sala estaba bien iluminada, tan iluminada como los campos de Flandes en un medio día de batalla. El gorro de plástico tenía las alas hecha jirones, la mano con el cateter era un florete, y la piel reseca eran atuendos desgastados del mil siecientos.
            En frente, el ejército Sueco, comandado por la mismísima Muerte. El médico del tercio español que le curaba una herida en la cabeza. La voz de carga y el pecho bien inflado, gritos. Florencio herido, arriba mi Capitán.
            Cara a cara con la Muerte, armada con una guadaña. El capitán Alatriste sedado por tanto dolor, ahora la miraba de frente. La Parca levantaba su hoz, él sonreía. Reía a carcajadas cuando lo cortó al medio. Su cuerpo en dos mitades era un chiste mal contado que igual daba gracia. La muerte, ofendida en lo profundo de su ego, retrotraía el recuerdo de la risa en la niñez y la depositaba en su víctima. Detrás de la Liche estaba su Dios cristiano; el capitán no dejó de reir. Se estaban yendo. La nada no duele es con la existencia que entra el dolor al mundo.
           
               

domingo, 15 de mayo de 2011

El Manco dejó de soñar

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A mi correctora virtual: Laura

Dicen las malas lenguas (y como yo no escapo a ellas) que el “Manco de Lepanto” Don Miguel de Cervantes Saavedra mientras escribía su famoso Quijote de la Mancha, decidió comenzar a detallar sus sueños en una libreta.

Así pasaban días que por cuestiones laborales no podía plasmar en el papel aquellas imágenes nocturnas, causándole ésto, muchísima desdicha y dolor.

Fue tal el desamparo, que decidió consultar con alguien que conociera más profundo el alma humana. Es por eso que acudió a su confesor, para el tiempo de las vísperas. Éste le dijo que escribir los sueños daba lugar a que Lucifer metiera la cola y lo exhortó definitivamente a evitar esa costumbre, citándole un fragmento del salmo 22.

Cervantes, se fue muy decepcionado de aquella confesión, tanto que le llevó a divisar un final muy oscuro para su trabajo, un final que llegado el momento, gracias a Dios, no escribiría. Por el contrario, pensó en tirar a la basura sus manuscritos y echar atrás su invención, la novela, para escribir un libro de fábulas que relataran sus sueños.

Su compañero de celda, un hombre de rasgos turcos lo previno cuando se disponía a quemar su inconcluso Quijote. Para ello citó a Poncio Pilatos en la crucifixión, lo que Cervantes recibió de muy buen humor, perdonándole la vida a sus escritos.

No por ello abandonó del todo la idea de publicar sus sueños. Anotó tantos que con el tiempo dejó de soñar. Dicen que al despertar, no recordaba nada de lo que había soñado la noche anterior. Solo retenía un espacio en blanco, como las hojas de su libreta.

Desconsolado, decidió acudir de nuevo a su confesor. Éste le dijo que él se lo había advertido y que aquello no era otra cosa que el castigo por haber sido testarudo en su obrar. Cervantes lloró para esas vísperas a los pies de su confesor, y pidió perdón largamente a Dios en el sagrario. Los monjes lo tuvieron que sacar arrastrando del templo, dejando atrás suyo una estela de lágrimas.

De nuevo en la celda, su compañero le preguntó que le sucedía. El musulmán lo escuchó atentamente y al final sentenció un consuelo llenó de refranes occidentales. Dicen que esa noche Cervantes soñó y como homenaje a su compañero incluyó en su Quijote varios de los refranes que éste le había dicho.

* Dibujo: Saura

miércoles, 4 de mayo de 2011

Esforzado



En el torbellino de imágenes y conceptos donde trabajaba el Demiurgo, tuvo el semidios que interferir entre un grupo de palabras que se parapetaban en el caos. Esforzado no daba con su concepto, y muchas candidatas se postulaban para desposarse con aquel.

Por un lado estaba la idea de exponerse a los límites y sobrepasarlos para así obtener regocijo. Por el otro, más solemne, estaba la idea de dar el mejor esfuerzo, ganando y regocijándose o perdiendo y lamentándose sin perder las esperanzas.

El Demiurgo, desconcertado con tanto palabrerío, decidió acudir a las aguas de tiempo para oír su consejo. A través de ellas encontró a un joven de un país lejano a la Hélade, que al entrar a la clase de adiestramiento físico se preguntaba por la misma cuestión.

El muchacho no encontraba una respuesta, más el Demiurgo, compadeciéndose del chico gritó: Forzado. Al parecer el joven lo escuchó, porque dio con la solución del asunto. A continuación las aguas del tiempo se cerraron y una voz muy aguda se hizo oír. Era Poseidón que advertía sobre su conducta al Demiurgo.

Podrido de todo, con estrés adelantado, el semidiós retornó a su trabajo, al torbellino de las imágenes y los conceptos. Allí se encontró que las palabras se habían reunido alrededor de Esforzado y sus dos pretendientes. Haciéndose paso entre la familia Honor, los infinitos mellizos de los Virtud, y la familia Muerte (que la engaña con la mujer de Vida) entre otros, el Demiurgo se paró en el medio del círculo y echó a todos los curiosos. A los que tenían pareja los devolvió al mundo, en cambio a los que no, los envió a cortejarse de vuelta al torbellino.

Luego preguntó a Esforzado a quién amaba. Éste le respondió que a la más bella. La idea de exponerse a los límites y sobrepasarlos para así obtener regocijo era a todas luces más seductora que la de dar lo mejor de uno. Mas el Demiurgo sin olvidar el concejo de las aguas invocó a Forzado, y éste se llevó a su fervorosa esposa al mundo.

Solos quedaron el Esfuerzo y la chica de dar lo mejor de uno ateniéndose a las consecuencias. Y fue como amor a primera vista. Éste la tomó de la mano y le preguntó si gustaba ir con él. Ella aceptó, y juntos se fueron caminando despacito y saludando a la gente hacia la Tierra. Luego el Demiurgo agradeció a Eros por su intervención.

Aquel, bajó del limbo y le preguntó al semidiós cuando se tomaría vacaciones. Éste le dijo que tenía pensado retirarse y dejarle el restante trabajo a los humanos, que él ya mucho había hecho. Eros rió y le preguntó quién sería el desgraciado que lo reemplazaría. “Algún que otro filósofo o escritor…” respondió pensativo el Demiurgo.

martes, 3 de mayo de 2011

La escuela de Canning



*



“Yo hago pública y franca mi ignorancia al respecto, porque no comprendo esos cuadros que me producen mareos, ni esas composiciones poéticas llenas de frases incohrentes porpias de los desequilibrados mentales”
Sara Lovisutto



La escuela de Canning cuenta con las chicas más ágiles de todo el país. No solo bailarísticamente hablando, sino también en cuanto a ligereza en relaciones humanas.

Las chicas de la escuela a la que pertenezco no besan ni por puta en la primera cita. La escuela de Canning se caracteriza por hacerlo, si no es con uno de los suyos, con alguno de la otra vereda.

Éste grupo se localiza generalmente en la zona de capital federal y Gran Buenos Aires. Pero atención, se está dando un fenómeno muy particular que es la emigración hacia zonas del interior de la provincia. A no confundir la fiebre del campo con sus verdaderas intenciones. Es cantado que sus maestros las mandan a estos pagos para expandir su doctrina, la del “nuevo flirteo”.

El famosísimo método ostenta una renovación del “flirteo ortodoxo” nacido con la liberación espiritual que trajo las vanguardias del siglo XX. Es conciso, proselitista y por sobre todas las cosas simple. Ello hace que cada día más chicos se afilien a este partido filosófico.

El adoctrinamiento comienza por clases de fitness y dieta, para poner en forma los cuerpos de las aspirantes. Luego sigue con clases de danza contemporánea, que después son coronadas con clases de reiki para darles nueva energía. Se les da un semanario corto de lenguaje al día, y por último tienen que rendir tres arduos exámenes de uso de artefactos cibernéticos y Facebook. Quienes pasasen por todos los cursos y aprobasen los exámenes, serían admitidos en la escuela de Canning.

Existe una competencia de egreso muy particular que hemos de tratar en esta tesis. La misma consiste en tomar al estudiante de mejor promedio de las mujeres y al estudiante de mejor promedio de los varones y someterlos a un duelo de insultos. Entiéndase eso como quién dice más veces boludo.

La palabra no puede aparecer suelta ni en incoherencia, sino que tiene que estar ubicada en un discurso de hasta 5 minutos en el que podrían usar todo lo aprendido en el adoctrinamiento. A continuación transcribiremos un extracto del discurso ganador de la promoción del año pasado con un record de 5 palabras por boludo: “Boludos y boludas presentes, estoy boludamente hablando orgulloso de ¡ boludo…haberme convertido en parte de esta escuela, boludos! Las clases boludo, fueron reeeee difíciles culeado! Eh ehm… perdón. Pero algo aprendimos boludo, ¿no boludos? Mirá como se ríe el boludo aquel. Quiero agradecer a todos los boludos que hicieron esto posible, a mis viejos ,boludos, al director, boludo…” Cabe destacar que no hubo perdedores en esta competencia porque el ganador quiso compartir el premio.

Es muy común que ahora todo tenga un eslogan. El slogan de la escuela es “Evitar al grasa, pero no por eso dejar de besarlo”. Por ese motivo es rutina ver en la frente de las chicas que están besando un cartel que dice: “Este es grasa, pero bueno…”. Fruto de sabidurías milenarias saben que al besar se cierran los ojos; de esa manera lo disimulan.

La contrapartida de esta escuela se halla representada por la escuela de Cañuelas, llamada así por tener su sede en ese lugar. Nuestros teóricos nos enseñaron que: “nunca, bajo ninguna circunstancia debíamos besar en la primera cita”. Eso es lo que nos caracteriza, sobriedad y esquivada de cara. Si habremos sufrido la instrucciones en evitar besos…

Algunos allegados de la escuela han desarrollado una teoría paralela, que está basada en “no besar en la primera cita, pero aceptar ser besado”. Recién estamos haciendo las primeras pruebas de la misma. Es una teoría interesante con la que simpatizo. Lo que es más, yo postulo y oigan bien todos mis contrarios: Si las minas están tan buenas como las de la escuela de Canning, habría que besarlas en la primera cita sin esperar a que te besen…


*Dibujo: Renzo Detellería

lunes, 2 de mayo de 2011

La ciudad de los artistas

Estaba llegando tarde a una cita con el psicólogo, por lo que así apurado por Cronos como me encontraba, decidí tomarme un taxi. Para sorpresa mía y quizá, para muchos de las de los lectores, entré en razón de que el taxista que me llevaba no era otro que el “Flaco”. Se estaba fumando un pucho, y escuchaba bajito un tema de los Beatles. Cuando le comenté el tema del clima, me empezó a explicar de la vida.

_ Sabés lo que pasa loco, que el clima vomita la bilis de lo que no es y encima es dado a hacerlo sobre los que más lo critican_ me dijo_ Es como un orbe que está vivo y por eso se da hacia dentro y sufre y se enamora de unas lindas piernas. Qué lástima que no tengo la viola, yo soy músico, hace mucho tiempo tuve una banda pero ahora soy solista. Sabés la melodía que compondría en este momento. Por ese loco, no te apures, estamos sumergidos en un éter que nos da de mamar como a recién nacidos. Hoy estamos, el mañana es una figura retórica para llenar el vacío. Me abstengo de hablar de lo qué fue…_

No entendí mucho lo que me quiso decir pero lo que dijo me hizo que asintiera. Después me preguntó que era de mi vida. Le conté que solía ser estudiante y qué ahora estaba en veremos.

_ No, loco. Volvé ya a los libros. Los cristales que se vuelan yéndose cortan al volver. Este éter es muy amargo para los que no pueden serse. Volvé_

Le di la razón. Me estaba explicando algo poéticamente complicado cuando nos topamos con un embotellamiento. Aún nos encontrábamos lejos de destino. Apareció un policía y nos dijo que tendríamos para rato. El flaco se calentó.

_ ¿A vos te parece loco dominar mi hoy?_ le dijo enojadísimo_ Yo no sé por qué no estos autos convergen en un solo pájaro volador, a menos que los represores de hoy nos lo impidan.

El cantautor se prendió otro pucho y me convidó uno. Le pedí que se calmara, que si no el policía lo iba a tomar de punto e iba a ser para peor. Miré el reloj, lo más conveniente era que me fuera caminando. Pagué el viaje y le agradecí al conductor por sus consejos.

_ De nada loco, gracias a vos_ me respondió.

Bajé del taxi y enfilé derecho por la vereda de la avenida. Nunca había tomado este camino y estaba en duda si era Güemes o Alverti. Hacía mucho calor, tanto que el asfalto era una estufa irradiada por el Sol. “Qué loco”, pensé. Un ratito de escuchar al flaco y ya se me había pegado lo poeta.

Paré en un quiosquito de una esquina a comprarme una gaseosa. Estaba saliendo cuando, en la vereda de enfrente, montado en un auto vi a nada más y nada menos que a Pablo. Estaba estacionado, con el brazo apoyado en la ventanilla baja en posición pensante. Tenía una pista de Sandro al mango, y la cantaba.Así, todavía en mi asombro, me crucé para pedirle un autógrafo.

_Tus labios de rubí de rojo carmesí. Parecen murmurar mil rosas sin hablar, Igual que sufro yo… Hola chico, en qué puedo ayudalte. Ahh un autógrafo, no hay por dónde. Yo bien, de vacaciones en cuba, qué digo chico. Sepas disculpar los desvaríos de un cubano. Llevando la nueva trova a dónde quiera que vaya. Si, créeme que si el Che viviera sería un cantante de trova. ¿Te enorgullece sentir el nombre del Che? Si hermano, nos dio una buena mano. Ahora si me disculpas. ¡Yolanda, eternamente Yolanda, apúrate chica que Cuba se vuelve libre! Ay Dios, estas mujeres. Cuídate mucho_

Cuando su mujer subió al auto, éste bajó la música y salió arando. Miré el reloj, debía apurarme o llegaría tarde. Todos sabemos que los psicólogos son exigentes tanto para el comienzo de la entrevista como para su finalización. Tomé la calle que hacía esquina con la avenida y seguí mi camino.

No hice dos o tres cuadras y me topé con la biblioteca municipal. Estaba apurado, pero no por eso me pude resistir a la tentación de pasar a saludar. El bibliotecario del lugar no era otro que Jorge.

_ Hola querido_ me dijo

El escritor ya estaba un poco ciego. No veía ni qué libro sacaban o cual devolvían. Utilizaba una especie de retórica socrática para averiguar de qué libro se trataba al estilo: “¿Cómo estuvo tu lectura?” o “¿qué te pareció el género?”. De última, contaba con el consejo de un gusano de biblioteca, que de tanto estarse en ésta, ya era una especie de ayudante. Las malas lenguas dicen que en realidad lo hacía para robarle ideas. Avisé que solo pasaba a saludar, que estaba apurado y que debía irme.

_Chau_ me saludó Borges y me fui.

_¿Sabes qué Rennato?_ le dijo a su ayudante

_Digamé Don Jorge, pero espéreme dos segundo que presto la oreja_ dijo el joven y aprovechó para sacar la libreta en la que robaba las notas.

_Me parece muy curioso lo que pasa_ dijo Borges_ Éste pibe, el que escribe, no tiene la más mínima idea de lo que es la literatura. Yo empezaría por preguntarle principalmente si aprendió a leer o es que escribe por iluminación. Seguramente, no sabe leer, ese el problema. Escribe dos o tres palabras y hasta los malos poetas se retuercen en sus tumbas. Y se hace el cuentista… ves por cosas como ésta es que pienso que he vivido mucho. Lo peor de todo es que se dice mi amigo. Cuánta verdad el decir que el perro es el mejor amigo del hombre. La diferencia es que los perros escriben dejando huellas, y éste ni eso. Ay, maldito es el que puso sus cuentos en mis manos. Y después me preguntan por la ceguera… Con escritores como éste más vale ser ciego y no querer oir_

_¿Disculpe como era eso último Don Jorge?_

De nuevo en camino, ya me estaba acercando al consultorio de mi analista. Miré el reloj, estaba un poco justo de tiempo. Cruzando el bulevar para ir por la sombra me encontré con un canillita muy particular.

_¡Oh, posibles lectores, quiera el Señor me compréis el periódico, es barato para los corazones humildes, oh, posibles lectores!_ decía el tipo.

Vestido aún así, con la gorra y el chaleco reflector lo conocí. El vendedor se llamaba Guillermo. Yo estaba apurado, pero cuánto me tomaría comprar el diario, dos segundos

_Es muy amable vuestra merced, que los periódicos los puso el cielo para que lleguemos a él. Ay, pobres de aquellas almas que no tienen el don de la lectura. Ellos nunca serán, definitivamente. Ay, no hay consuelo en mi corazón. ¿A dónde irán a parar mis obras si nadie sabe leerlas? Ay, universo por qué conspiras a tu talante. ¿Qué será de Romeo y Julieta, esos dos corazones que bregan en el amor si nadie de los mortales conoce su historia, y para peor la olvidan aquellos que alguna vez la conocieron? Que Justicia me castigue si peno en vano. Beberé de este cáliz, el que quita la sed para siempre. Tu joven príncipe, que sabes leer, cuenta mi historia. Adiós, me muero.

Luego se arrojó al piso, lo que hizo estallar el aplauso de las viejas chusmas que se habían arrimado a la opereta. Le agradecí el cumplido, y expliqué que tenía que seguir con mi camino.

Miré el reloj, estaba llegando tarde. Por este motivo ensayé un galope que me hizo ganar del tiempo perdido.

Al final llegué al consultorio hecho sopa, eso sí. Para suerte mía, el licenciado estaba ocupado con un visitador médico. El nombre de este visitagalenos era Carlos, más conocido como Charly.

Salió del consultorio medio mareado. Lo único que dijo fue:

_Say no more_

María Elena, la secretaría, me pidió que pasara. El licenciado Sigmund me estaba esperando como todos los jueves a esa misma hora.