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jueves, 15 de noviembre de 2012

XVII




quién es esa poetisa, amor mío
corazón de las entrañas

quién es esa poetisa que osa,
narrar nuestras hazañas

afuera llovía, es cierto
afuera la lluvia bailaba con el viento

pero la lluvia ama al sol, en secreto
los descubrí una mañana cálida y calma

ahora que lo decís, ahora que cantás
ayer me pareció ver a un hada

un hada espiando por la ventana
tenía las alas rotas, como las gaviotas

y con los muñones escribía, pintaba
la eclosión de una estrella, dos almas

Sí, amor mío, el alma existe
aunque para la poetisa sean fantasmas

lunes, 26 de marzo de 2012

Como por un llamado de la naturaleza.


            
          Como por un llamado de la naturaleza, me vi impulsado a asistir a las costas. Quizá inconscientemente quería encontrar alguna sirena de esas que suelen visitar las playas. Clavé mi sombrilla en la arena y me estiré debajo la esterilla. Luego me dispuse a leer el diario, con la esperanza de que a las sirenas les gustaran los lectores. Estaba tomando mate con galletitas, cuando recordé aquello del llamado y a qué había venido a la costa.
Pregunté por el baño y me indicaron que debía ir hasta el buffet. Ya en él, enfilé para el tocador. Para mi sorpresa, en la puerta del mismo, había una matrona que me impedía el paso. La mujer me señaló un cartel.
BAÑO AL PÚBLICO $2. PEDIR POR BUFFET.
Confieso que aquello me causó indignación. Desde cuándo se había visto que en este país uno tuviera que pagar por el baño público. No me merecía esto, al fin y al cabo yo siempre había dejado propina en los baños de las estaciones de trenes. Así consternado como estaba, regresé a mi micro campamento y reflexioné sobre el tema. Mientras, me hacía el que leía el diario. Creo que había dejado la vista perdida en una propaganda de calzoncillos. En ese momento recordé aquello del llamado y a qué había venido a la costa. Dejé el diario y salí corriendo como un despavorido hacia el agua. Si no fuera por la falta de bronceado y mis 10 kilitos de más, así con la malla roja, hubieran creído que era el bañero en medio de un salvataje.
Siempre me había gustado la soledad. El amontonamiento de gente me oprimía el corazón y me restregaba  lo insignificante que era frente al universo. De ahí supongo que también venía mi simpatía por el espiritismo.
Había encontrado un lugar poco ocupado y ahora desconcentraba todas mis fuerzas para alcanzar la armonía. Y cuando estaba por alcanzarla, una ola me tumbaba y me refregaba por la cara que del polvo fuimos hechos. Y cuando perdía la sensación del cuerpo, otra ola y que al polvo volveremos. Desesperado, desenfundé los dos pesos y pedí baño en el buffet. Después olvidé por un tiempo aquello del llamado y nunca más pude recordar a qué había venido a la costa.